Artesanía x Diseño, la historia detrás de la exposición

Hace no mucho tiempo, el diseño industrial parecía dominado por un minimalismo que casi se volvió universal e impersonal o por la saturación del plástico en masa ([véase la retrospectiva Plastics: Remaking Our World, Vitra Design Museum]).
Hoy el panorama es distinto. El diseño busca respuestas en la preservación cultural, en el valor de la diversidad y en una sostenibilidad real. Así ha nacido un movimiento global, impulsado por proyectistas como Álvaro Catalán de Ocón, y manifestado localmente en iniciativas como Quíbor y Monguí, que buscan crear objetos para la vida moderna profundamente anclados a las raíces artesanales de comunidades que por años han ido perdiendo presencia debido al fast object —la producción masiva de bienes desechables, acelerados e hiper industrializados que despojan a la pieza de su memoria material y cultural.
En ese cruce de caminos se ubica la experiencia de la Escuela de Diseño Industrial del Instituto de Diseño Caracas en el territorio larense.


I. El barro no responde a un comando de pantalla
Lo que descubrió el profesor de Tesis de Industrial es que el proyecto, en su primera versión, no despertaba tanto entusiasmo inicial entre los alumnos. Los diseñadores industriales suelen soñar con automóviles italianos o mobiliario danés. Sin embargo, la travesía se convirtió en mucho más que una exploración de materiales y técnicas: pasó a ser un lugar para descubrir la grandeza de lo que somos, un hallazgo que terminó transformando de raíz el enfoque de sus proyectos finales.
En un taller artesanal no existen los comandos de teclado ni los atajos de la impresión 3D. El barro, la fibra y la madera tienen sus propios tiempos, su física particular y una memoria acumulada por siglos. Para los estudiantes de Diseño Industrial del IDC, sumergirse en la dinámica de las comunidades del Estado Lara no fue una simple visita guiada: fue la oportunidad de alejarse de la distancia teórica del aula para confrontar la materia prima en su estado más honesto.
Esta expedición representa la segunda edición de un programa de campo que ya demostró su potencial humano y conceptual. En 2024, la primera experiencia impulsó el Proyecto Quíbor de Juan Cortizo, demostrando cómo la carpintería larense, desarrollada desde los años 70 y 80 por los maestros de casa Curuba y del taller Siempreviva, puede reconfigurarse en objetos cotidianos de alto valor funcional y sensibilidad contemporánea. En esta oportunidad, una nueva cohorte de jóvenes promesas regresa al territorio larense para registrar en una memoria interactiva el punto exacto donde la tradición dialoga con el pensamiento proyectual.
El profesor de Tesis de Grado, Jorge Wahbeh, lo explica con claridad:
"Venezuela tiene un patrimonio artesanal enorme, con materiales, técnicas y conocimientos que se han desarrollado durante generaciones. Cuando un estudiante de Diseño Industrial entra en contacto con ese universo, encuentra una fuente muy rica para investigar, experimentar y desarrollar propuestas contemporáneas.
No se trata de hacer artesanía desde la universidad ni de copiar sus formas. Se trata de preguntarnos cómo el diseño puede dialogar con ese conocimiento y ayudar a proyectarlo hacia nuevos productos, nuevos mercados y nuevas generaciones.
También me interesa que nuestros estudiantes entiendan que para construir una identidad propia como diseñadores no necesariamente tenemos que mirar siempre hacia afuera. Podemos innovar desde lo que somos y desde el conocimiento que ya existe en nuestro territorio."

II. Buscando en la raíz una expresión contemporánea
El principal riesgo al acercarse a la artesanía es tratarla como un elemento decorativo o un recuerdo exótico. Añadir un detalle artesanal a un producto genérico para que luzca autóctono no es diseñar; es vestir una superficie.
Preservar la cultura no significa conservarla inmóvil en un museo para apreciarla a la distancia. Preservarla es lograr que esa técnica mantenga su vigencia, siga alimentando la economía local y responda a las necesidades de la vida actual.
Sobre esa sutil frontera entre inspirarse y apropiarse, Jorge Wahbeh reflexiona:
"El diseñador puede tener un papel importante. Puede estudiar una técnica artesanal, comprender su lógica, sus materiales, su historia y su significado, y a partir de ese conocimiento plantear nuevas posibilidades de aplicación.

Cuando una técnica tradicional encuentra una expresión contemporánea, puede comenzar a relacionarse con otros públicos y adquirir nuevos usos y nuevos espacios de circulación. Y eso también es una forma de preservarla.
Pero hay una condición fundamental: el diseñador tiene que ser capaz de reconocer de dónde viene ese conocimiento y respetar su identidad. La intención no debería ser apropiarse de la artesanía para convertirla simplemente en un recurso estético, sino utilizar el diseño para darle nuevas posibilidades de permanencia y desarrollo."
III. El encuentro entre diseñador y artesano
Esta relación suele despertar dudas e incertidumbres en sus primeras etapas. Existe un celo comprensible por parte del artesano ante la llegada de la academia, temiendo la pérdida de autoría o de identidad, mientras que el estudiante enfrenta la presión de intervenir un oficio ancestral sin imponer fórmulas prefabricadas.
Al cruzar la puerta del taller, el esquema jerárquico se disuelve. El diseñador no acude a dictar pautas sobre cómo moldear la tierra ni a corregir el oficio de quien ha dedicado su vida a la fibra.
La verdadera colaboración nace del respeto mutuo: el artesano aporta la sabiduría de la materia y el diseñador suma investigación, metodología de producto y lectura de nuevos contextos.

Jorge Wahbeh sintetiza esta postura ética:
"Hay que entender que no existe una relación jerárquica. El diseñador no llega a enseñarle al artesano cómo hacer su trabajo. El artesano posee un conocimiento técnico, material y cultural que muchas veces ha necesitado generaciones para construirse.
El diseñador aporta otro tipo de herramientas: investigación, conceptualización, desarrollo de producto, experimentación, procesos de producción, comunicación y comprensión de nuevos mercados.
La colaboración aparece cuando esos dos conocimientos se encuentran en igualdad de condiciones.
Por eso, para mí, un buen proyecto debería comenzar escuchando y entendiendo al artesano antes de diseñar. A partir de allí se puede experimentar conjuntamente y llegar a soluciones que probablemente ninguno de los dos habría desarrollado trabajando por separado.
Y creo que ahí está lo interesante: no diseñar utilizando al artesano, sino diseñar con el artesano. El resultado no solamente puede ser un objeto nuevo; puede convertirse en una manera de mantener vivo un conocimiento cultural y, al mismo tiempo, abrirle nuevas posibilidades hacia el futuro."
Del viaje a la sala de exposición
Bajo la premisa Hecho en Venezuela, este recorrido de aprendizaje trasciende las bitácoras digitales y los cuadernos de notas. Los estudios de materiales y las propuestas resultantes de esta investigación cobran vida en la muestra "Artesanía x Diseño", abierta al público en el anexo del Instituto de Diseño Caracas.
Coordenadas de la exposición:
- Espacio: Anexo del Instituto de Diseño Caracas.
- Ubicación: Calle Miranda, Casco Histórico de Chacao, Caracas.
- Horario: Abierto todos los días de 8:00 a. m. a 6:00 p. m.
- Muestra: Piezas prototipo, archivo fotográfico, registro del proceso de diseño y la memoria interactiva desarrollada por la cohorte de estudiantes.
Una invitación a comprobar que el futuro del diseño venezolano no requiere buscar referentes lejanos, sino conectar de forma honesta con la riqueza de su propia tierra.

